viernes, septiembre 15, 2006

Vulgaria...Sí, Vulgaria

De modo que, perdida la esperanza de creerme inteligente o apasionado, me queda la menos presuntuosa de saberme sincero. Para saberme sincero he empezado estas notas, en las que castigo mi mediocridad con mi propio y objetivo testimonio. Es cierto que el mundo rebosa de vulgares, pero no de vulgares que se reconozcan como tales. Yo sí me reconozco. Por otra parte, comprendo que este orgullo absurdo no me brinda nada, como no sea un bochornoso fastidio de mí mismo. Ahora bien ¿de qué depende mi vulgaridad? ¿Con qúe, con quién debo medirla, compararla? Que la reconozca en mis acciones, en mi intenciones, en mis torpezas,no significa un encono especialmente destinado a mi carácter. Tampoco los otros -salvo inseguras excepciones- me parecen geniales. Sí, todo el mundo me parece vulgar, pero eso no prueba nada, con excepción de que mi concepto de lo excelso, de lo destacable, de lo extraordinario, no es nada vulgar, ya que lo reputo inalcanzable. ¿Entonces? Entonces nada.

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